
El relato de hoy no comienza un lunes, 09:00 de la mañana, en cualquier oficina de Madrid, sino que fue el miércoles en mi oficina. No le pasó a Mónica, ni a Antonio ni mucho menos a Alfonso, me ocurrió a mí.
Tampoco le paso a un usuario no formado o despistado, o a un incompetente que no sabe de seguridad o de calidad, que va, sino que me paso a mí, una persona con más de 40 años de experiencia, experto en temas de sistemas de gestión, implantador y auditor en un infinito número de empresas españolas.
A mí, reconocido ponente, que inspira e instruye en temas de calidad y seguridad a cientos de personas anualmente desde hace tiempo.
A mí me hackearon como sacrifican a un pobre lechón antes de navidades, ni lo vi entrar ni salir, y por eso creo que este relato puede servir de ayuda a mucha gente de manera más intensa, ya que debemos aprender a contar nuestros fallos o errores, no con animo de destrucción sino de mejora.
Justo en el momento que algo nos puede ayudar a ser mejores estamos en el camino correcto, estamos en una posición hacia la mejora continua que suele terminar en la excelencia, y que me confirma, una vez más, que este camino no es corto, sino que muy largo, por ello debemos aprender a no obsesionarnos con el destino final y su premio, ya que el tesoro está en el camino.
No tengo intención de hacer un articulo técnico explicando el phishing, las alertas, como reaccionó el Defender u otras tecnologías usadas, para eso tengo compañeros en esta revista sin ir más lejos, que saben explicar mucho mejor que yo esos tecnicismos, yo quiero hablar de otra cosa que me parece vital y que muy pocas veces oigo hablar sobre ello: nuestro COMPORTAMIENTO cuando un incidente de este tipo ocurre.
El término inglés “Behavior” lo veo continuamente en libros escritos en dicha lengua, sin embargo, en los textos escritos en español pocas veces lo leo, y mucho menos en textos tecnológicos; y curiosamente tampoco oigo hablar de ellos en las clases que se imparten en universidades o centros tecnológicos.